Kiki de Montparnasse

Kiki de Montparnasse
Kiki de Montparnasse

martes, 29 de agosto de 2017

¿MANIFESTACIONES?


Ya sé porque me ha molestado tanto la manifestación de Barcelona. Pensaba que era porque de ser una manifestación antiterrorista, se había convertido en una antiespañola. No es del todo así, a menudo perdemos nuestro norte, más en días como estos. Confieso haberlo perdido y voy a enmendarme. Me molestó tanto porque no me gusta manifestarme, no soporto a las masas de ninguna manera. Sin embargo, si alguien me da el dato de alguna manifestación de aristócratas en el antiguo régimen, prometo manifestarme próximamente.

viernes, 11 de agosto de 2017

EL HIJO DEL ASESINO EN MONTECARLO

Después de muchos ajetreos, jaleos en mi vida y vacaciones, retomo este blog, no sé ni por qué.
Quisiera tener todos los días algo que decir, pero no lo tengo.

El hijo del asesino dictador de Maduro en un Ferrari, color oro, encima hay que tener mal gusto, saliendo del Hotel de París en Montecarlo con una risotadas de gente cutre, chusma, orillera, barriobajera, poligonera, zafia, ¡patanes de tres al cuarto! El portero riéndose con ellos, ¡cómo has decaído Hotel de París! No pongo el video porque me da simplemente nauseas.

Creo que la Bella Otero se levantaría de su tumba -no muy lejos- alucinando, pues es mil veces preferible y encantador una demimondeine de lujo, antes que el hijo de un execrable dictador asesino.

Mi querida familia principesca de Mónaco, bien..., de vacaciones...

Y todavía hay gente en España que apuesta por los amigos de esta gentuza que oprime al pueblo venezolano. Espero que al menos por una ocasión este país no sea tan ingenuo de pensar que en la izquierda hay la menor solución. ¿Díganme que país tocado con semejante desgracia es próspero y rico?

Ya hablaré de mejores cosas. Ahora es que se me cruzaron los cables al ver semejante desfachatez.

lunes, 5 de junio de 2017

¿ERA LA FRANCIA REVOLUCIONARIA FASCISTA?




¿Por qué en Francia le llamamos “centralismo” 
y en España “fascismo”?

¿Era la Francia revolucionaria “fascista"?

Juzguemos por nosotros mismos, según lo que sucedió en 1795 y que aparece una Guía editada por Anaya (PRISA). Y que calla mucha gente...



“1789. Con la revolución francesa, Bretaña pierde los derechos de autonomía y queda dividida en departamentos. Los fuertes lazos con las tradiciones conservadoras la convierte en uno de los núcleos de la revuelta de los Chouans, campesinos que se rebelan contra la obligación de la leva militar, la imposición del papel moneda, la PROHIBICIÓN DE LA LENGUA BRETONA y las humillantes relaciones con el clero. Gracias a la ayuda de la flota inglesa, los monárquicos emprenden en 1795 una lucha contrarrevolucionaria en la que participan nobles exiliados, que desembarcan en la península de Quiberon, y la chouannerie campesina. La revuelta es duramente sofocada por las fuerzas republicanas.”

(“Normandía y Bretaña” Guía Total, Grupo Anaya 2013, pág. 113)

¡Pues sí, señor, Francia: faro de libertades! Y en España seguiremos con los complejos porque a un sector de la política le interesa explotar la imagen de un supuesto "fascismo" español que prohíbe lenguas...







sábado, 3 de junio de 2017

RAMÓN CASAS DE BARCELONA, LA MODERNISTA

Ha hecho un mayo agradable. Nada caluroso, no puedo quejarme. Una tarde entre semana estuve en la exposición de Ramón Casas. Conocía a Casas desde mis felices años de Barcelona, cuando iba a los Quatre Gats con toda la nostalgia del mundo a mis espaldas, imaginando la taberna que fue en los años de Casas y Picasso, no el restaurante turístico y pijo en que lo convirtieron. Tabernas así había muchas en los años finiseculares de aquella Barcelona modernista.

Ahora, en esta madrileña tarde de mayo, mientras recorro las salas con los cuadros de Casas, Ruiseñol y otros, sentía que yo era parte de cada cuadro, que desaparecía del espacio que ocupaba en los pasillos de Caixaforum y entraba de lleno en ellos. En aquel mundo que era mi mundo, y no en este de ahora que me es tan ajeno, mientras ese otro me era tan familiar, me hacía sentir segura, pues contenta o triste podría haber vivido aquellos momentos, mas era parte de ese universo, como un todo sin desgarramiento posible. No con esta parte carnal mía que habita el mundo exterior y la otra, la verdadera, que habita mis espacios interiores poblados por toda una icononografía que muere en 1914. Son emociones que he vivido en París, Viena, Praga, Zell tanta veces…





Nostalgia cómoda, dirían unos, y otros algo que está tan de moda: la nostalgia es un arma peligrosa. Evidentemente la nostalgia no conviene a los mercaderes de hoy. Que haya deplorables que sepamos que el mundo fue de otra manera, no perfecta y muy dura sí, pero infinitamente más humana, no es un asunto conveniente a los intereses del establishment. Mirando aquellos cuadros y sentir que nadie tenía que dar un discurso latoso sobre alguna mamarrachada de la feria de ARCO, era aquietante a mi espíritu. Porque todo estaba ahí, dicho sin misterios ni oscuridades. La luz, los juegos y las sombras quedaban nítidamente, gloriosamente claros. El mundo de tabernas, prostitutas, borrachos, amas de casa, modistillas, poetas, pintores en la miseria, café-concerts y bares, donde se calentaban el alma y el cuerpo con absenta y estufas que no podían prender en sus casas, se me antojaba totalmente humano, gregario pero tan intimista. Sin despersonalización. La vida por la vida y a la muerte cuando toque sin miedo, sin angustias, sin preparativos. Desorden dentro del orden. Sufrimientos sin deslealtades. Gente que viene y que va con un código de honor dentro del deshonor. Mas un código de honor hoy perdido.






miércoles, 26 de abril de 2017

STEFAN ZWEIG, ADIÓS A EUROPA

Lo leía mi bisabuelo, mi abuela, mis tíos, yo y mi hija. Aun cuando dicen que no estaba de moda. Sus libros los vi en las estanterías desde que tengo uso de razón. Su María Estuardo fue mi segundo libro de historia en mi primera adolescencia. Gracias a él comprendí la diferencia entre catolicismo y protestantismo y lo enrevesado que puede sonar el mundo centroeuropeo al mundo mediterráneo más ligero y diáfano. Jamás leí “Carta de una desconocida”. Sé que no había tal desconocida… Stefan Zweig dijo que había nacido en un país desaparecido y se me quedó grabado... 


Quizás por todo esto tenía yo demasiadas expectativas en una película sobre su vida. Ya sabemos la dificultad que entrañan este tipo de biopics, pero aquí era, a mi juicio, tan sencillo: recrear su palabra. Sin embargo, ni el hombre ni el escritor asoman, o lo hace tan fríamente que no se logra penetrar en el alma tan conocida de uno de los autores más sublimes del siglo XX.

Tampoco nada grato fue verlo en esa cotidianidad tan pequeñoburguesa de cualquier exiliado. Tratar de proyectarlo tan endemoniadamente humano para no caer en el melodrama nos lo arroja desaborido y lo aleja totalmente de sus textos. No es necesario recrear la condición humana de los genios, es preferible quedarse en el genio. Tanta cercanía agota.



En muy verídica la primera escena del gélido y abrumado Zweig tomando distancias políticas del régimen alemán, sin criticarle ni pontificar, pero en la película lo muestran como si se tratara de algo que no iba con el escritor. El actor austriaco Josef Hader intentando transmitir en todo momento la depresión del autor, más bien nos regala un Zweig anodino y distraído con la mirada perdida todo el tiempo en el espacio, sin muchos registros ni una buena caracterización física. Solo cuando se encuentra con su primera mujer parece cobrar aliento: con ella se puede quejar libremente de la vida.

Honestamente la manera en que abordan sus últimos años transcurridos en un Brasil agobiante entre el calor y la simpatía exuberante de sus habitantes, dan ganas de salir huyendo del cine. A  Zweig le gustó ese mundo, era agradecido como toda persona bien nacida, pero aquello no era lo suyo… Es lo único que vagamente, sin ofender, se atreven a insinuar los realizadores sobre las circunstancias del desterrado autor. Sabemos que las razones de su suicidio no fueron estrictamente políticas, la depresión no era nada nuevo en su vida. El exilio lógicamente la agudiza. En suma el film te deja con ese sabor de: “era un escritor muy famoso, vendido y solicitado”, pero nada más, sus textos aparecen mezclados en diálogos automatizados, sin la vibrante fuerza y la reflexión pura que en todo momento le caracterizó.

Y termino comentado que la manida frase del pasaporte no podía faltar, claro. Él hablaba de antes de 1914. Se toma un aspecto único de Zweig: el multiculturalista, que no fue exactamente así, pues él nació en otro mundo donde los pueblos eran distintos, pero no tan distintos como quieren hacernos ver hoy. No creo que sea un buen film para los que conocemos su obra, y para los que no la conocen será una especie de Sisi: se llevarán una imagen falsa del autor, pero acorde al pensamiento imperante. El Zweig inmenso de “El mundo de ayer” y  “Momentos estelares de la humanidad”, brilla por su ausencia.





lunes, 24 de abril de 2017

CATALINA MICAELA


Catalina Micaela, las más bella de todas las infantas españolas, era hija de Felipe II y su tercera mujer Isabel de Valois. Pintada por Sánchez Coello, es el retrato más hermoso de un miembro de la familia real española de los Austria (Habsburgo), solo comparable al de su abuela la emperatriz Isabel, pintado por el Tiziano. 

El retrato de la infanta Catalina en el museo de El Pradro fascinaba al gran escritor colombiano Álvaro Mutis, Premio Príncipe de Asturias y Premio Cervantes. Don Álvaro solía decir que la infanta Catalina era el gran amor de su vida.

Catalina se convirtió en Duquesa de Saboya y tuvo diez hijos, murió de parto a los treinta años. Siempre le reprochó a su padre que no la casará con un rey, sino con un duque. Las cartas entre padre e hija son una auténtica demostración de cariño filial.


¿HERIDO DE MUERTE?

El Imperio Austrohúngaro estaba herido de muerte. Herido de muerte no solo desde la tragedia de Mayerling, que sin duda contribuyó. Ese fue el principio del fin que culminó con el tiro de Sarajevo. Herido estaba el imperio tal vez porque Franz Joseph I había vivido demasiado tiempo, más, infinitamente más, de lo que se solía vivir en aquellas épocas,  y desde la revolución de 1848 y su ascensión al trono el mundo había cambiado demasiado, mientras el Emperador, la reliquia guardada en la exquisita Viena, no se enteraba de nada. Sin embargo, estas son consideraciones tanta veces repetidas que no me saben a nada ya.

Francisco José fue un gran emperador, no por sus hazañas bélicas donde más bien obtuvo fracasos, ni por su vida personal cargada de tragedias. Si lo miramos objetivamente son las tragedias normales en una familia reinante en el ocaso de su historia, en un momento álgido de cambios en el mundo. Se dice de él que fue un buen marido: lo fue, que era un burócrata: lo era, que era rígido, había sido educado en una profunda rigidez. No era guapo, a pesar de la elegancia con que solía vestir sus uniformes, ni era culto, pero era digno, muy  digno, palabra que hoy no tiene el mayor significado. 

Tuvo muchas equivocaciones políticas, muchos desencuentros que iban parejos a su formación rígida, pero era un hombre bueno, considerado y cortés en el trato personal con sus servidores y todo el que se le acercaba, siendo siempre el emperador y manteniendo las distancias. Hombre austero, el único dispendio que tuvo en su vida fue costear los gastos de su legendaria y hermosa mujer. El Emperador fue velador de sus pueblos, a los que servía con amor y por los que tenía que responder ante un Poder Divino, en el que sí creía. En suma, un líder honesto del que se han vertido tremebundas historias cuando la dinastía no gozaba de la buena prensa y prestigio que tiene hoy.




Juzgar a toro pasado es fácil, seguramente había hambre en Viena y no todos disfrutaban de los privilegios de la Corte ni de una floreciente clase media bastante amplia, aunque también en aquellos tiempos había hambre en París, Londres y los barrios marginales de New York. Tal vez no fuera el Imperio quien estuviera herido de muerte, y quien lo estaba realmente era Europa, la Mitteleuropa cosmopolita y de alma enrevesada, profunda a la vez que ligera y vitalmente civilizadora, que cae en manos de líderes surgidos de entre la penosa burguesía pacata y limitada, que buscaban el paraíso en la tierra y solo abocaron a sus pueblos al desastre. Aquellos nacionalismos furibundos que prefieren perder su riqueza universal a cambio de ganar terrenitos tribales y seres más manejables en mano de imbéciles.  

No es mi intención soltar un tostón para decir que el fenecido Imperio Austrohúngaro, bajo mi punto de vista (--)…, no estaba herido de muerte, no lo está quien ha sido un árbol que cobija bajo su sombra de siglos a millones de seres humanos que hablaban y pensaban distinto, pero cuando la mala yerba crece junto al árbol y no es extirpada, si el cáncer crece sin que nadie lo detenga por miedo a intervenir, entonces no fue el Imperio en sí, sino los hombres de su época quienes estaban heridos de muerte.

La última edad imperial fue un mundo de belleza y cultura, de lustre y brillo. En su seno surgieron artistas y creadores de talento extraordinario, hombres que luego lloraron sobre las ruinas y escombros de sus casas de Viena, Praga, Budapest…, sobre sus bibliotecas destruidas bajo las bombas y de sus oleos desaparecidos. Perdidas para siempre las mieles de un mundo delicioso y de una civilización fenecida. 

Hoy sucederá lo mismo.